Adrián Palmas, Humor Gráfico, Jose Antequera, Número 2, Opinión
Deje un comentario

La mujer barbuda

Por José Antequera / Ilustración: Adrián Palmas

Si una mujer barbuda ha ganado Eurovisión por qué un hombre barbudo como Rajoy no puede volver a ganar las elecciones, por mucho que esté dejando el país hecho unos zorros. Los sondeos para las europeas colocan al PP unos cuantos puntos por encima del PSOE (¡con Cañete de cabeza de lista, cágate lorito!) y aquí cabe preguntarse una cuestión fundamental: ¿es que la gente no tiene ya bastante Rajoy? Pues por lo visto parece que no. Una de dos: o el pueblo tiene síndrome de Estocolmo o nos hemos vuelto todos locos. Lo malo de MR no es que nos esté mintiendo fuertemente a todas horas, lo malo es que no sabe hacérselo y se ve a las claras que es una marioneta a pilas, un guiñol movido por unos hilillos, como los del Prestige que él puso de moda, y con un tic sospechoso en el ojo que le delata. Lo mínimo que deberían exigir en la Escuela de Políticos, Sofistas y Retóricos es que sepan mentir con arte, con poderío, con un cierto nivel, vaya. Pero no. Rajoy es el símbolo mediocre de los tiempos mediocres que nos está tocando vivir. Franco no necesitaba mentir bien porque te fusilaba al amanecer y santas pascuas; Suárez (ay, Suárez, cómo te echamos de menos) era un vendedor de El Corte Inglés que te colocaba la aspiradora sin enterarte; Felipe mentía como Dios y acabó creyéndose el Zeus de Doñana; y Aznar era un mentiroso compulsivo, un caso clínico, freudiano, y por eso producía miedo y adicción. Pero es que Rajoy es la nada, el vacío heideggeriano, el hombre en suspenso, como aquella gran novela de Bellow. Es tan previsible que hasta sus mentiras son previsibles y así no mola jugar al mus. Que nos engañen, de acuerdo, pero que al menos nos engañe un tío listo, no un tonto a las tres. Por mucho que Rajoy se empeñe en darse la pátina de líder de una derecha moderna y avanzada todos sabemos que viene de donde viene: del pazo medieval gallego, del satrapismo fraguista y del mundo burócrata de la registraduría de la propiedad. Un tipo que va de moderado por la vida pero que por dentro lleva a un fan del opus, y encima siempre hablando de la dichosa herencia socialista, qué pesado con la herencia. Por eso toda su torpeza y falta de astucia le ha salido a trasflor cuando ha llegado la hora negra de la barcenada, de los sobres, del escándalo, escándalo que nunca ha sabido gestionar, manejar, explicar con tino. Por eso echó a los leones a su secretaria, a la señorita Loli, Lolianta para los amigos, que se hizo un lío y la lió parda con lo del finiquito en diferido (juas, juas, juas).

Cuando entras en el tema del chanchullo tienes que ser muy listo para que no te pillen. Felipe las hizo mucho peores y aún le están buscando la equis. A mí no se me ocurriría afanar ni una mala chocolatina en el supermercado porque sé que me agarran fijo. Pero estos tíos listos son tan tontos que dejan nota y constancia de todo: registro de la mordida, libros de contabilidad con el delito al minuto y resultado, comandas de las fugas a Suiza y encima ponen a un tesorero de amanuense que va inscribiendo, en letras de oro, cuánto vale la corrupción de un apellido. Lamentable. Yo, si fuera el fiscal anticorrupción, les mandaba a Chicote para que fuera sacando mierda de la cocina de Génova. Rajoy ha cometido una torpeza tras otra en el asunto de los sobres y al final, asustado, acollonado, con el ano alborotado, como decía Miguel Hernández acerca de los cobardes, le mandaba mensajitos a Bárcenas diciéndole aquello tan cursi de “aguanta, Luis, sé fuerte, que estoy contigo”. Puag. Luis podrá ser un chorizo de tomo y lomo pero no un tonto Media Markt y se cansó de aguantar y al final lo pusieron una temporada en el infierno, como a Rimbaud, para que aclarara las ideas. La política es que ya da un poco de asquito. Tenga en cuenta el lector que los dos buques insignias que enviamos a Bruselas son la Valenciano y Cañete (vaya tela de los telares) de modo que el cara a cara televisado será tedioso, aburrido, ni chicha ni limoná. Decía Ortega que este país se arreglaba poniendo a cada cual un grado por debajo de donde está: o sea a Rajoy de conserje de un hotel, con el libro de registros, y a Montoro con la gorra de taxista de los de antes. No se le ve muy preparado para el cargo al chico, la verdad es que no se le ve. Sin embargo, hay gente que le seguirá votando hasta la muerte, lo que sin duda constituye otro misterio mariano. Y aún hay quien me rebate que en España cualquiera llega a Presidente. Si se presenta la barbuda de Eurovisión, yo le doy mi voto. Nos ha jodido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *