Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 2, Opinión
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El hombre del puro

Por Lidia Sanchis / Viñeta: L’Avi

Me acaban de hacer un ERE, que es como un corte de mangas monumental y multitudinario, porque no estoy sola en este apuro: 1.439 trabajadores de RTVV me acompañan. Sinceramente, preferiría que me hubieran practicado una liposucción, que no hay manera de caber en las faldas del año pasado. En realidad, ya casi no quepo en ningún sitio, no hay hueco para mí en ninguna parte. Licenciada sin másteres que llevarse al currículum, mediana edad (ay), madre de familia numerosa (ay, ay, ay), y con tantas ganas de reinventarse como de que me administren un enema. Desde hace unos días, pues, formo parte de ese club de “pringaos” que es el antiguo INEM, una asociación tan poco exclusiva que como se entere Nick Jones, el de la franquicia del Soho House, desiste de su intención de abrir una en nuestro país (esto lo pongo para que vean que una lee los diarios. Al menos, los suplementos dominicales, revistas dirigidas a personas de otros planetas que tienen dos mil euros y lo que se tercie para apuntarse a clubs como este del Soho House, que tiene como objetivo “intercambiar ideas”. La cultura no es barata, amigos. Y la de las élites, mucho menos).

Comprenderán que no tenga el cuerpo como para desentrañar misterios, y mucho menos, misterios Marianos, que de virginidades perdidas inexplicablemente anda el mundo lleno. 46 años preguntándome por quién doblan las campanas y, ¡la pucha! –quizá emigre a Argentina– , resulta que doblan por mí y por todos mis compañeros. Y es que no hay por dónde empezar. Porque no hago más que leer reseñas sobre el barbado presidente del Gobierno y no consigo pillarle el perfil. Igual es porque no tiene, es plano como una peseta aplanada en la vía del tren. Por sus obras los conoceréis –sí, también leo los Evangelios– así que lo que más pistas me da para definir a Rajoy,  seguramente porque soy una egoísta redomada, es la reforma laboral que está llevando al país hasta el infinito y más allá. Vamos, hasta el mismísimo precipicio, que estamos que nos salimos. Ahí ya empiezo a pillarle el tranquillo al Presi. Hasta el mismísimo Tribunal Constitucional, el Alto Tribunal, como también es conocido, avala la dichosa reforma. El Ministerio de Empleo reconocía hace unos días que más de la mitad de la caída de los costes laborales que se ha producido en el último año y medio es atribuible a esa gran medida que tomó el Gobierno, con Rajoy Brey a la cabeza, imagino que sobrio. Una reforma cuya consecuencia más inmediata es que abarata el despido. ¿Y qué han hecho los empresarios a la voz de “ya”? Ponerse a hacer EREs a la misma velocidad que un oso panda esquilma una plantación de bambú. ¿No han notado que cada vez hay más parados en su familia o entre sus amistades? Eso no es consecuencia de ninguna epidemia sino de la acción de gobierno de Mariano Rajoy. ¿No han leído que hay casi cuatro millones de parados que no reciben ninguna prestación? Pues esa es otra de las consecuencias dramáticas de esta crisis económica y su reforma laboral, o sea, de lo que viene siendo la acción de gobierno de Rajoy, un gallego que dicen que ejerce como tal: no se sabe si sube o si baja por la escalera. Yo creo que ninguna de ambas cosas, sino que está parado, esperando a que llegue el día 24 para fumarse un puro en el estadio da Luz de Lisboa. Como es su devoción y su obligación. Faltaría más. Hay que estar con lo que le importa a la gente, que eso de trabajar y comer es muy antiguo. ¿Cómo podría competir una buena final de la Champions League con cuatro millones de parados sin subsidio?

Al Presidente parece que no son esos millones los que le provocan insomnio. Sin embargo, a otros, la preocupación por el futuro laboral (por mí, primero, y por todos mis compañeros) no nos deja dormir. Me angustia que una de las pocas decisiones que ha sido capaz de tomar el gallego haya sido precisamente ésa, la de hacer más fácil el despido y más difícil el empleo. Cuando consigo conciliar el sueño tengo pesadillas en las que se me aparece el Gran Líder, el Timonel de España, y escucho una voz como con eco que me susurra al oído: “Mariano, ..ano ..ano”. Y me despierto pensando que por ahí nos las están dando todas.

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