Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 3, Opinión
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El castigador

Por Lidia Sanchis / Viñeta: L’Avi

Escribo como antiguo. Me pasa como a la RAE: probablemente, cuando ambas empecemos a utilizar conceptos como “timeline”, “nickname”, “widgets”, “plug-in” o “hashtag”, todos ellos habrán pasado de moda, si es que no lo están ya. Por eso me gusta el candidato Cañete, porque es un hombre como los de antes, de los que se viste por los pies.

¿Qué se puede decir de un ex ministro cuyo mayor logro ha sido comerse un yogur caducado y por ello figurará en los anales de la historia? Pues que es el mejor candidato, según repiten como papagayos sus correligionarios (como papagayos y como si no se lo creyeran ni ellos). Un hombre capaz de ducharse con agua fría para ahorrar no puede ser malo. Recuérdese si no que esa costumbre está reservada a militares, “boy scouts” y gentes con un alto concepto de sí mismos, a los que el agua fría les ayuda a enaltecer el espíritu nacional. Eso mismo le pasa a Miguel Arias (así lo llaman los suyos): si no fuera por el baño helador, a saber hasta dónde le crecería el espíritu.

El ex ministro desplegó su catálogo de ésta y otras demostraciones empíricas de superioridad intelectual y moral antes del debate con su contrincante del PSOE, Elena Valenciano, para ir calentando el ambiente. Porque es evidente que a nuestro hombre en Bruselas le “pone” el reto de debatir con una fémina y como sabe que le puede, se comporta como un auténtico caballero español, y rebaja el nivel para que ella se luzca. No sea que vayan a tildarlo de machista y que no haya servido de nada tanta ducha fría. Parece que a esto –a esta metedura de pata para algunos; a esta demostración fehaciente del ideario, para otros– ha quedado reducida la campaña electoral, en la que asemeja que sólo juegan dos. Ni una palabra del programa, ni una confrontación de argumentarios (la RAE acepta ya esa palabra), ni siquiera un test de manchas de Rorschach que echarnos a la cara o, al menos, un bonito cuestionario Proust. Nada. Cero. Conjunto vacío. Sólo un “no la quiero apretar mucho porque ésta no tiene ni media hostia y se acaba el combate antes de tiempo”. Ah, que no dijo eso. Pues yo lo escuché perfectamente.

Visto el nivel, no me negarán que no están loquitos por ir a votar el domingo. Porque ha quedado perfectamente explicado qué votamos, a cuántos votamos y para qué votamos. Incluso iría más allá y me atrevería a aseverar que somos conscientes de qué nos jugamos en Europa. ¿Ustedes no lo saben? Pues ahora apreciarán la utilidad del consejo que me daba mi padre y que yo intento transmitir a mis hijos: es importante hacer un buen Bachillerato. Si esa opción les queda un poco lejos, al menos tanto como a mí el “timeline” o el “trending topic” –tentada he estado de ponerle una tilde a “topic”, con eso lo digo todo–, infórmense en la medida que puedan y vayan a votar. Busquen a un candidat@ (¡mi primera vez de “@”!) al cual no se le note tanto que su partido lo quiere mandar a Bruselas porque no hay un sitio más lejos donde relegarlo; a alguien a quien hayan escuchado una propuesta, una iniciativa, una explicación o algún argumento que esté a la altura de usted que me está leyendo; voten por ese político que no les provoca vergüenza. Uno que no sea accionista ni presidente de ninguna empresa controlada desde ningún paraíso fiscal, que no se esconda, que no eluda el debate, ni que se fotografíe en el AVE con mujeres para demostrar que no es machista. Si no quedan hombres como los de antes, que se vistan por los pies, al menos, que se vistan. Porque yo, desde mi bajura intelectual, desde mi haberme pasado el Bachillerato en el bar jugando al póquer, desde mi mujer al fin y al cabo, juraría que este rey está desnudo.

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