Humor Gráfico, LaRataGris, Número 2, Opinión, Rosa Palo
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De cañas con Mariano

Por Rosa Palo / Viñeta: LaRataGris

Lo increíble de España es que, con una clase política tan inepta, todavía exista el país”, decía Otto von Bismarck (al que conozco porque es bisabuelo de Gunilla, no se alarmen). Pues bien, estimado Otto, si esto es increíble, más lo es aún que los españoles hayamos elegido al más alto representante de esa clase política tan inepta para irnos de cañas con él: según la encuesta anual que hace Cerveceros de España, los paisanos se tomarían las birras con Mariano Rajoy. Es decir, uno puede elegir al tipo más guay, más molón y más estupendo de este país, puede quedar con Xabi Alonso o con Jon Kortajarena para irse de cañas, amistad o lo que surja, y elige a Mariano Rajoy. Con el fin de intercambiar puntos de vista sobre la situación del país, dicen. Acabáramos.

Pues miren, yo también me iría de cervezas con el presidente, pero no para hablar sobre cómo está el patio, que estoy ya de polémicas hasta más allá de la Voll-Damm, sino porque Rajoy tiene pinta de saber dónde se tiran las mejores cañas de Madrid, y hasta dónde te las ponen con tapa. Más que Echanove, fijo, que Rajoy es hombre de buen comer, de periódico en el bolsillo y paseo matutino, de siesta, de dominó en mesa de mármol y de fumarse un purito, Pepe. Es un pachorrúo, cosa que entiendo perfectamente, porque para servidora el colmo del periodismo de investigación es el que hace Gloria Serra poniendo voz de intensa para decir que han pillado a Falete saltándose la dieta en un Burger King. Por eso soy columnista y no intrépida reportera. Y por eso, por tranquilo y por pausado, Rajoy es registrador de la propiedad. Se pasó años encerrado, cantando los temas de Derecho Mercantil, haciendo un alto cada tarde para merendar café con leche y suizo, con las cortinas echadas para no dejarse llevar por las tentaciones de mundo exterior. Y una oposición así imprime carácter: ahora sigue con las cortinas cerradas y hasta con las persianas, que parece que no se entera de lo que ocurre fuera del despacho. “Rajoy no acaba de empatizar con la gente que lo pasa mal en España”, declaró Pepa Bueno en su última entrevista. Pues no. Ni acaba, ni empieza, que de toda la vida se empatiza más con la gente que lo pasa bien.

Por eso sería buena idea que este verano Rajoy se fuera de cañas con alguien que no llevara náuticos, bermudas y polo azul marino. Alguien que no llegara ni a fin de mes ni a principio, que llevara años en el paro, que hubieran despedido por un reajuste, que se hubiera tenido que ir de España porque aquí no hay nada que hacer, que cobrara una pensión miserable. A lo mejor, así, puede que, con un poco de suerte y en el mejor de los casos, el presidente empatizara con los que menos tienen, con los que no tienen nada. A lo mejor, así, puede que, con un poco de suerte y en el mejor de los casos, el presidente abriera las ventanas y mirara a su alrededor. Y espero que no nos contemple como un espectador aséptico, como un naturalista fascinado por el comportamiento de los primates, o como Miguel Blesa, que veía “Aída”, de cuyos personajes decía que “cada día están más brutos y soeces; pues bueno, así aprendemos otro lenguaje”. Qué curioso: hay gente que ve la inmundicia en las palabras de los otros y no en sus propios actos. Y qué pena: si Blesa hubiera estado más tiempo encarcelado, habría podido aprender otro lenguaje. El del talego, para ser más exactos. Así se hubiera entendido perfectamente con el Luisma.

Lo dicho, que me voy de cañas, que buena falta me hace. Y Mariano, ya que nos ponemos, pégale un toque al resto de la peña: haz un grupo de Whatsapp y mete a tus ministros y a los presidentes del resto de los grupos parlamentarios. Ah, que no se vienen, que se las toman en el bar del Congreso, que allí son más baratas. Vale.

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