Ecto Plasta, Humor Gráfico, Igepzio, Número 3, Opinión
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Conspiranoia, utopía y demagogia

Por Ecto Plasta / Ilustración: Igepzio

Siempre me ha parecido curioso que el primer país en caer en esta crisis que vivimos fuese Grecia. Seguramente si estuviese al día de la economía y de la política no me resultase tan sorprendente, pero entra dentro de mi conspiranoia personal creer que Grecia, precisamente la cuna de la democracia, cayese en manos de la Troika en primer lugar. Tal parece una especie de declaración de intenciones, usando además un nombre, que aunque proviene del ruso, suena muy griego. El asunto tiene tufo a tomadura de pelo, a sarcasmo; seguramente a humor alemán.

Europa ha pasado, a lo largo de su historia, por todos los escenarios posibles: civilizaciones que surgen y caen, imperios, revoluciones, guerras… Hemos tenido muros que nos dividían, capitalismo, comunismo, nazismo, dictaduras, monarquías, repúblicas y hemos salido de casi todo, o eso me parece a mí, siendo mejores y más justos, por lo menos a nivel global.

Pero cuando todo parecía ir bien, cuando vivíamos un periodo de cierta prosperidad y de relativa paz (acostumbramos a mirar para otro lado cuando nos interesa) alguien se ha sacado de la manga una crisis que está acabando, en muy poco tiempo, con la mayor parte de los derechos adquiridos a lo largo de todos estos siglos de conflictos y lucha. Y digo sacar de la manga porque, siguiendo con mi línea conspiranoica, este continúo recorte de derechos más me parece una imposición –de los mercados– que una necesidad real.

En un par de días serán las elecciones europeas y según dicen, la participación, por lo menos en España, será baja. No es de extrañar, es incluso lógico y, si se para uno a pensar, parece que esa baja implicación del ciudadano ha sido buscada y deseada por los que habitan en los grandes partidos políticos. La escasa participación asegura el bipartidismo. El pasotismo general, ese desinterés tan manifiesto del asqueado votante (que sólo ve corrupción e hipocresía por todas partes y no es para menos), pone la excusa perfecta en boca de la casta política de este país para seguir haciendo lo que hasta ahora: mirar en su propio beneficio y privatizar en busca de un futuro puesto de consejero que reporte buenas rentas.

Ante semejante panorama, aunque muy resumido bien crudo lo presento (soy de los que ve el vaso prácticamente vacío) ¿qué hacer? ¿cómo protestar? ¿cómo mostrar nuestra indignación, nuestro hastío? Sinceramente no lo sé, hace tiempo que se me acabaron las buenas ideas, si es que alguna vez las tuve. Ya en vida andaba escaso de ellas, pero ahora que vago por el purgatorio creo que no alcanzo siquiera a tenerlas. Sin embargo, a fuerza de darle vueltas, se me ha ocurrido que si los votantes encontrasen un pequeño partido político que abrazase sus ideas y le diesen su voto, los grandes, los de siempre, tendrían que replantearse un poco su actuación. Imagino que esto suena infantil, inverosímil y utópico, pero merecería la pena intentarlo ¿o no?

Es nuestro deber recuperar a la vieja Europa, y digo vieja en el buen sentido, pensando en los siglos de Historia, de Arte, de Literatura, de Arquitectura, de Filosofía y de lucha para conseguir unos Derechos que deberían ser ley Universal.

Llego al final pensando que he pasado de la conspiranoia a la utopía, quizá a la demagogia (que fea palabra, al menos su significado) y que esto se me ha ido de las manos, como las ideas que se me van de la cabeza. En un par de días veremos que pasa, pero denle un par de vueltas que no cuesta nada.

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