Francisco Cisterna, Gatoto, Humor Gráfico, Número 4, Opinión
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Concierto en Ay Mayor

Por Francisco Cisterna / Ilustración: Gatoto

Siempre me ha fascinado la habilidad humana para designar con la misma palabra objetos de muy diferente uso. La última sorpresa ha sido el término concertina, que la RAE define, sin más acepciones, como acordeón de forma hexagonal. Coincidirán conmigo en el acierto o la miseria de emplear el eufemismo concertina para aludir a los enrollados túneles de alambre, trufados de cuchillas, que coronan ciertas espinosas alambradas. Empleado en este sentido, el uso concertina trata de ocultar la atrocidad de su función. Mimetiza el resultado al transponer al cortante espino tonalidad de instrumento musical. Un vano intento de apagar los ayes con las tristes notas del bandoneón. La dolorosa ocurrencia se debe a los soldados de la I Guerra Mundial que adoptaron el término para referirse a los rollos de alambre espinado que desplegaban, como el fuelle de un acordeón, para impedir el avance del enemigo. Con la misma intención la desplegaron nuestros gobiernos en las fronteras de Ceuta y Melilla, y cuentan con el triste y dudoso honor de ser un producto de la Marca España. La empresa malagueña que las manufactura, e instala a petición, es el único fabricante de concertinas de Europa. En esto, al parecer, no tenemos competencia. O la competencia no quiere competir en este terreno. Sea como fuere, el alambre cortante ha sido mantenido como concertina por los profesionales del cerramiento, tal vez, por necesidad de un lenguaje técnico; es posible. Por su parte, los medios de comunicación lo han difundido tal cual, quizá, por economía del lenguaje; pudiera ser. Y el MI –sin cinco–, Ministerio del Interior, las ha instalado como tal; es decir, como técnico y difusor. La cosa, así, ya es otra cosa. Como neutralizar al enemigo es eufemismo de despanzurre.

Los directores titulares de la Orquesta Nacional de Concertinas, Herbert Von Zapatero, el saliente y Mariano Rajoy Muti, el entrante, se han encargado de mantener los instrumentos bien afinados. Al parecer, ambos ejecutantes no supieron resolver la complicada partitura de esta nueva sinfonía y optaron por solfear la melodía sobre un pentagrama de alambre espinado. Notas punzantes, puntiagudas, estáticas, pasivas, escritas sobre las fronteras de la miseria con el fin de impedir la libre circulación de seres humanos; mas no la de capitales. Pero a pesar de los obstáculos, de los desiertos y los mares, de las sinfonías de concertinas y de los quintetos de vigilancia, la inmigración no cesa, ni se agota, y, como el rayo de Miguel, picotea mi costado y hace en él un triste nido. Presiento que hay un sueño de trompetas de Jericó que derribará los muros de la Europa mía.

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