Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 1, Opinión
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Carta a Gurb

Por J. L. Castro Lombilla / Ilustración: Lombilla

Estimado Gurb:

Te hablaré sin rodeos: ¡ayer me salió un concejal de urbanismo en el glúteo izquierdo! Fíjate tú qué cosa. Y lo peor no es eso, queridísimo amigo, lo peor es que llueve sobre mojado porque en el derecho, ¡ay, qué desgracia más grande!, en el derecho ya me había salido la semana pasada otro concejal, también de urbanismo, para más inri.

Así que aquí me tienes, escribiéndote de pie porque ya me dirás tú, Gurb de mis entretelas, cómo puedo yo sentarme teniendo lo que tengo ahí detrás, que no me había visto en otra igual desde que me extirparon, ¡alabado sea el Señor!, aquel prolapso hemorroidal necrótico tan antipático… Porque estos tíos no me han salido en plan “caras de Bélmez”: ¡ojalá! No son tatuajes sino erupciones de medio cuerpo, igualitos igualitos a aquellas esculturas no acabadas de Miguel Ángel que pugnan por salir de la piedra. La piedra, ahora ya lo sabes, ay, son mis sufridos glúteos. Y los concejales, excepto las piernas, me han salido con todas sus partes tan perfectamente formadas, que hay momentos en los que, si no fuera por el dolor, hasta se me encendería un conato de orgullo materno. Con sus dos ojitos cada uno, sus dos orejitas, sus graciosos hociquitos y sus dieciocho brazos en pose como de grabado egipcio, resultan, las cosas como son, la mar de graciosos. Pero como me están volviendo loco intentando todo el día convencerme con ofertas millonarias para que les recalifique su glúteo correspondiente, pues pierden toda la gracia, para qué nos vamos a engañar. Porque es lo que yo les he dicho, mi apreciado Gurb, que por muy zalameros que se pongan dándome sobres con dinero negro y diciéndome carita de nardo, capullito de alhelí, Párroco de Canena y cosas aún mejores, yo no puedo dejar que en mis nalguitas me construyan una urbanización de lujo, como quiere uno de ellos, o un bulevar con parking subterráneo de pago como quiere el otro… Y aunque yo estoy pasando un calvario muy grande, la verdades que no me puedo quejar, Gurb, hijo mío,porque aunque parezca mentira hay otras personas que lo están pasando todavía peor. Sin ir más lejos, a una vicetiple de Bormujos amiga mía, hace unos días le salió en uno de sus cinco pechos el mismísimo oso Yogui que no deja de acosarla desde entonces para que le deje hacer en su canalillo un tramo del AVE a Barcelona saltándose todos los procedimientos legales… Y a un contramaestre de Valdecolmenas de abajo, ¡angelito!, contaron en los papeles que se le había desarrollado un Bárcenas maligno en las corvas y una Magdalena Álvarez perniciosa en la ingle izquierda. ¡Ave María Purísima! Y es que este país al que los malos vientos siderales te han traído, Gurb estimado, es tan propenso a estos hechos asombrosos, que ríete tú de Macondo. Así que debes de tener mucho cuidado de que no te salga cualquier día un ministro respondón en alguna parte de tu anatomía marciana proponiéndote cualquier cochinería política…

No obstante a mí, de verdad te lo digo, lo que más me duele de todo esto es que ahora ya no puedo como era mi intención charlar tranquilamente contigo y darte la bienvenida como Dios manda; es decir, vestido de flamenca y cantándote eso tan bonito de: ♫ extraterrestreeeeee, te recibimos con alegríaaaaaaa… Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tíaaaaaa…♫. Pero así, en este plan, con las ancas colapsadas como las urgencias de un hospital público, así es que no hay manera de saludarte ni de presentarme a ti como es debido ni de ponderar convenientemente la rectitud moral de la infanta Cristina ni nada de nada… Lo único que puedo hacer es lo que ya he hecho: compartir contigo este mal trago por el que estoy pasando a ver si tú, con algún extraño poder de esos que tenéis los alienígenas, pudieras ayudarme. Si no, al menos me habrá servido para desahogarme. Ya tendremos tiempo de conocernos mejor, admirado hombrecillo del espacio, y comentar otras cosas menos asquerositas, como cuando se me presentó el ángel del Señor y me anunció que yo iba a ser la madre del hijo de Dios. Ya ves tú, a mi edad…

En fin, por lo pronto, yo, mientras me despido cariñosamente de ti, a las aladas almas de las rosas del almendro te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero verde del alma, compañero…

Tuyo afectísimo

José Luis Castro Lombilla

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