Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 3, Opinión
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Carta a Gurb

Por J.L. Castro Lombilla / Ilustración: Lombilla

Estimado Gurb:
¿Qué es Europa?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila verde… Bueno, antes que nada debo decirte que a mí no me gusta que me claven nada en las pupilas. Eso de clavar cosas en los ojos está muy feo. Imagínate Gurb que yo por ejemplo te clavo en el ojo derecho un obispo en mal estado, se te infecta y pierdes el ojo. ¡Menuda fatalidad! Serías entonces como un Polifemo intergaláctico… O como yo, queridísimo amigo. Porque, Gurb de mis entretelas, ♫por si hay una pregunta en el aire, ♫por si hay alguna duda sobre mí, ♫hoy quiero confesarme, ♫hoy que me sobra tiempo, ♫voy a contarle a todos como soy: yo soy tuerto. Sí, como la Pantoja; pero ésa, ésa es otra historia, Gurb, no hagamos digresiones innecesarias.

En fin, que lo que vengo a querer decirte es que el otro día, para aliviar unas erupciones que me salieron en los omóplatos después de leer el último libro de Lucía Etxebarría, fui a una farmacia china de mi barrio que siempre está de guardia. Allí compré una crema que estaba de oferta. Con el bote de crema me regalaron un gracioso eurodiputado. El eurodiputado era pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, Gurb, que se diría todo de algodón… Y yo me puse tan contento, que salí de allí corriendo para llegar a casa y jugar con mi nueva mascota. Por eso no presté demasiada atención, ay, a los consejos que el mancebo pekinés me dio. Él me dijo que no debía mojar a mi eurodiputado, ni darle de comer después de medianoche, ni exponerlo jamás, porque eso podría matarlo, a una inspección de hacienda. Y entonces pasó lo que tenía que pasar, Gurb de mi alma, que el eurodiputado me costó un ojo de la cara.

Como se había hecho sus necesidades encima y apestaba a aristocracia una barbaridad, lo primero que hice fue darle un baño. Y, claro, antes de que quisiera darme cuenta tenía la casa llena de diminutos eurodiputados que exigían sueldos de futbolistas; viajar en primera clase; comer en restaurantes de cinco tenedores de oro; cuentas en Suiza; coches oficiales de distintos colores para combinar con los trajes; dietas por trabajar de día; dietas por trabajar de noche; dietas por no trabajar… Total, que entre pitos y flautas traveseras aquí me tienes, tuertecito perdido y cuidando de que no se me escape ningún eurodiputado y vaya a morder a alguien… ¡Que todavía ni los he vacunado…!

¿Qué es Europa?, repites mientras clavas con terquedad marciana en mi pupila tu pupila verde… ¡Y yo qué sé, Gurb! ¿Tú crees que con la que hay liada en mi casa tengo cuerpo para hablar de princesas mitológicas aficionadas al bestialismo taurino…? Pues no, Gurb, hijo, no, yo de lo único que tengo ganas ahora mismo es de confesar ♫que estoy enamorada por matar los rumores de aquella esquina; ♫que me gusta el perfume de claveles y que llevo en el alma Andalucía. ♫Que estoy algo cansada de llevar esta estrella que pesa tanto, ♫que perdí en el camino tantas cosas, ♫que me hicieron a veces tanto daño; ♫ que he llorado mil veces escuchando las notas de una guitarra, ♫que le debo a la vida tantas cosas, ♫y he cantado bajito alguna nana. Pero ésa, ésa es otra historia…

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

Post scríptum:

El domingo pienso votar a la Pantoja.

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