Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 2, Opinión
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Carta a Gurb

Por J. L. Castro Lombilla / Viñeta: Lombilla

Estimado Gurb:

¿Tú sabes cuántos pezones tiene Rajoy…?

Tal vez te desconcierte esta pregunta, así, de sopetón, y hasta puede que te haya provocado algunas dudas acerca de mi estado mental; sin embargo, créeme, este interrogante que te planteo es de vital importancia para la estabilidad del país. Por tanto, Gurb, dime, ¿sabes tú cuántos pezones tiene Rajoy…?

Te explico:

Anoche vi en Televisión Española “La hora de Mariano”, ese late show en el que Rajoy aparece tumbado en déshabillé sobre una elegante chaise longue de estilo rococó rodeado de graciosos monaguillos turiferarios. Debo reconocer que el programa fue estupendo. Te confieso que hasta lloré con las sentidas actuaciones de los Coros y Danzas. Y el final del programa me pareció francamente hermoso. Todavía me estremezco recordando a los directivos del ente público junto a altos cargos del Gobierno, empresarios, banqueros y algunos selectos periodistas, pasando de rodillas ante el presidente para besarle la mano derecha, la oreja izquierda y hasta el periné como respetuosa muestra de agradecimiento por la extraordinaria liberalidad que timonea los actos de este servidor público. A mí, tanta emoción me había dejado en un estado tan placentero que creo que hasta alcancé la ataraxia, fíjate lo que te digo. Y estando yo tan epicúreo era normal que la película que programaron después me afectara como me afectó. Por eso ahora estoy obsesionadísimo con los pezones de Rajoy. ¿Tú sabes, Gurb, cuántos pezones tiene Rajoy…?

La película era una de James Bond, “El hombre de la pistola de oro”, que no es otro que Francisco Scaramanga, un asesino a sueldo interpretado por Christopher Lee que tiene tres pezones como extravagancia física y cobra un millón de dólares por cada víctima de su infalible pistola de oro. Scaramanga vive en una isla paradisíaca acompañado de un sirviente con muy mala leche que se llama Nick Nack al que da vida Hervé Villechaize, ese actor enano que se parecía tanto a Felipe González que hasta hizo de doble suyo en una famosa parodia televisiva de 1988 junto a Javier Gurruchaga.

Después de ver la película, cuando ya salían esas bellas imágenes de Mariano Rajoy dándose un baño de espuma y deseando buenas noches a todos los españoles con las que se cierra la programación, a mí se me instaló detrás de la oreja una mosca tan grande como un pterodáctilo. De la era mesozoica, por lo menos.

Quizás la culpa de todo la tenga mi portera, Gurb, para qué nos vamos a engañar. La portera de mi bloque es coja, se llama Leonardo y fue subalterno en la cuadrilla de un torero de postín. A Leonardo un marrajo antipático lo retiró de los ruedos una mala tarde y consuela sus nostalgias taurinas dando verónicas y chicuelinas a los vecinos con papeles de periódicos que después utiliza para limpiar ventanas. Lo importante es que Leonardo, que no sólo cojea con la pierna que le destrozó aquel toro sino que también cojea, ¡y de qué manera!, con la ideología, utiliza para sus faenas porteriles únicamente periódicos de esos empecedores que, obviando cínicamente los innegables aciertos del Gobierno, lo critican por sectarismo. Y los demás vecinos no sé, Gurb, amigo, pero desde luego yo, mientras Leonardo me torea cada mañana cuando bajo a comprar el pan, no puedo dejar de mirar los titulares. Y, claro, leer cada día durante las dos o tres horas que le dura a la portera el enardecimiento toreril que el presidente del gobierno es muy mala persona, que tiene las orejas grandes, que le huelen los pies, que es un gafotas cuatro ojos capitán de los piojos y otras cosas igualmente crueles e injustas, ha sembrado un germen tan malicioso en mi cerebro que, anoche, tras ver esta película imbuido como estaba de un espíritu “mariano” que para sí lo quisiera Pitita Ridruejo, me hizo brotar la dolorosa duda de que Mariano Rajoy, el presidente del gobierno de España, que por cierto también vive en una isla paradisíaca dichosamente apartado de la bulliciosa realidad, es un malvado abyecto y desalmado como Scaramanga. ¿Entiendes ahora, querido Gurb, por qué debo saber inmediatamente si Mariano Rajoy tiene tres pezones…?

Sé que no faltarán escépticos que atribuyan a fantasmagorías dipsómanas estas elucubraciones mías. Sin duda los buenos resultados económicos que ha experimentado España gracias a las valientes y muníficas políticas del gobierno de Mariano Rajoy, que no sólo nos han hecho salir de la crisis sino que nos han puesto a la cabeza de Europa, apoyan esas tesis recelosas con mi teoría. Esto sería más que suficiente para demostrar que el presidente del Gobierno es un santo varón. No obstante, por mucho que me duela, pues ya sabes mi proverbial querencia hacia él, hay un hecho insoslayable que viene a derrumbar, como si fuera un débil castillo de naipes (o un simple estado de bienestar), este argumentario tan bienintencionado: la irrupción de Felipe González en la campaña electoral para las elecciones europeas recomendando un pacto entre el partido gobernante y el primer partido de la oposición. Esto no puede ser casual, Gurb. Yo sé que anoche estaba muy vulnerable y que mi cerebro pudo irse por los cerros de Úbeda, acaso ya para siempre, pero este azar que hermana de forma rotunda a Scaramanga con Mariano Rajoy es inapelable. Si Scaramanga tenía un servidor con la cara de Felipe González, ahora Rajoy tiene colaborando con él para las elecciones europeas al original… ¿Es o no es entonces procedente preguntarse cuántos pezones tiene Rajoy? Y es que una cosa te digo, Gurb, hijo, y que conste que no quisiera que fuera cierto, pero si esta flagrante realidad que me ha sido revelada por vete tú a saber qué oscuros arcanos, resulta que es sólo fruto de mi desvarío, entonces ya no sé qué decir. Sin embargo, ahora acabo de recordar algunos detalles que hasta hace apenas unos segundos, justo antes de tomarme la medicación recetada por mi psiquiatra, se me habían escapado. Estaba tan ofuscado con los pezones de Rajoy que no me había percatado de algo sin duda más importante. Por decírtelo de otra manera, Gurb, el árbol del pezón no me estaba dejando ver el bosque de los pechos. Sí, los pechos de Rajoy que él, movido por el amor cuasi maternal que les profesa a los ciudadanos, enseña en toda su exuberancia presidencial mientras se da el baño de espuma televisivo que cierra la programación. Y lo hace con tanta ternura, que se diría que quiere dar de mamar a todos los españoles sin excepción para que crezcan sanos y fuertes como los alegres cachorros de las nuevas generaciones de su propio partido. Porque ahora que lo pienso, Gurb, camarada, los pechos de Rajoy son muy parecidos a los de Marta Sánchez, aquella cantante ubérrima en la que tú mismo te metamorfoseaste al llegar a nuestro planeta de la mano de Eduardo Mendoza en la novela Sin noticias de Gurb…

No sé, compañero, pero esto de los pechos de Marta Sánchez me da que pensar. Tal vez he estado equivocado, Gurb, y Rajoy no es un facineroso como Scaramanga sino un marciano como tú. Aunque, claro, esto no me lo preguntes a mí que soy ignorante. Doctores tiene la Iglesia que te sabrán responder…

Tuyo afectísimo

José Luis Castro Lombilla

Post scriptum:

Te parecerá una tontería, Gurb, pero el caso es que ahora no puedo quitarme de la cabeza a Nick Nack. ¿Tú sabes, querido amigo mío, si los enanos tienen pezones…?

3 Kommentare

  1. Oleeeeeeeeeeee!!!! ¿Qué más te puedo decir, artistazo? Un fuerte abrazo.

  2. DanielR dicen

    No hay duda ya, la invasión extraterrestre está consumada.
    Bravo Lombilla, Marciano Rajoy queda desenmascarado.

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