Lidia Sanchis, Número 0, Opinión
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Un puñal y una bandera

Por Lidia Sanchis

Imagínense la palma de una mano, pongamos la izquierda, con los cinco dedos extendidos y un puñal que de repente se va a clavar en el centro. La primera reacción de esa mano, la izquierda, sería cerrarse sobre el puñal intentando repeler el ataque. La metáfora es de uno de aquellos libros que me gustaban de jovencita sobre la creación del Estado de Israel, una metáfora que cuando la leí me pareció clarificadora, como aquel hacha capaz de romper la mar congelada de nuestra mente, que reclamaba Kafka. En ese libro, el líder del partido Baaz explicaba cómo la creación del Estado de Israel había provocado que las tribus árabes diseminadas por todo Oriente Próximo, en absoluto un grupo homogéneo, encontraran, por fin, algo que les uniese: el odio hacia Israel.

El cierre de Ràdio Televisió Valenciana va a suponer que más de mil seiscientas personas se queden sin trabajo y engorden la lista del paro, una lista que parece el hígado, atrofiado de “foie”, de un pato, o un pavo de Acción de Gracias, gracias, ningunas. Esas mil seiscientas personas, todas con sus nombres y sus apellidos, oiga, con sus hipotecas y sus familiares dependientes, con sus clases de inglés para los niños, con sus tratamientos para el cáncer, con su chóped para el bocadillo, con sus facturas de luz y agua por pagar; esas familias, digo, como la suya y la mía, son las víctimas directas del obús Fabra. Porque los daños colaterales son difícilmente cuantificables. El sector audiovisual valenciano, que prácticamente pivotaba en torno a RTVV, otras miles de familias con hipotecas –qué manía tienen los pobres con hipotecarse–, ha sido dinamitado. Actores, guionistas, maquilladores, operadores de cámara y de sonido, también han ido a engordar esa maldita lista, y a muchas de las empresas audiovisuales RTVV les ha dado con la deuda en las narices. Porque no sólo las ha dejado sin trabajo; es que, además, no les ha pagado lo que les adeudaba. En resumen, una tragedia para eso que conmemoramos hoy, la fiesta del trabajo, que es una expresión vacía de contenido y peligrosamente parecida a la fiesta de la democracia. Un “pourparler”.

Cuando los idus de mayo hayan llegado y el cartero de Lady Macbeth –ya el hecho consumado está– entregue el burofax a los mil seiscientos trabajadores; cuando la indemnización esté ingresada –el 60% entonces, el 40% restante en diferido, en el primer trimestre de 2015; cómo les gusta a estos del PP los aplazamientos–, cuando todo eso suceda será el momento de sacar la calculadora y repasar la suma: más de 86 millones de euros se gastará la Generalitat Valenciana en el pago de las indemnizaciones, otros 20 en el pago de derechos audiovisuales que ya estaban comprometidos, por citar sólo dos cifras (antes de hacer la conversión a pesetas recomendamos tomar biodramina). Una cifra, la de los 86 millones, superior al coste de mantener la radio y la televisión valenciana en funcionamiento durante dos años. Y sólo les he dado dos números. Porque a todo esto se añade la denuncia de Josep Moreno, diputado del PSPV, que ha asegurado que en la Generalitat hay urdido un plan para malvender los materiales que quedan en las instalaciones de la empresa. Como se ve son unos genios de la austeridad y del control del gasto estos amigos del PP. Y encima tendremos que escuchar eso de que a nosotros sí que nos pagan bien, que vamos a recibir una indemnización de récord para lo que se lleva en estos lares de desempleo y podredumbre; que vamos a convertirnos poco más que en parados de lujo, y que total, para lo que servía Canal 9… No lo nieguen, que ustedes también lo han escuchado. Incluso puede que lo hayan pensado. El paro nos iguala por abajo. Muy por abajo.

La mayoría de los empleados de RTVV hemos pasado el núcleo central, la espina dorsal,  de nuestra vida laboral en esa empresa. ¿Dónde vamos a encontrar trabajo ahora que la radio y la televisión autonómicas han bajado la persiana definitivamente? ¿Dónde está el sector audiovisual que nos ampare? ¿Dónde van a ejercer los futuros periodistas? No se trata de reivindicar un puesto de trabajo, reclamación muy justa por otro lado, sino del futuro, un futuro cada día más negro gracias a ese Atila aupado en el caballo directamente desde Génova, empeñado como está en que la hierba no vuelva a crecer bajo nuestros pies. No sé si por maldad, pero sí por incapacidad manifiesta.

Y ahí está el puñal del que les hablaba al principio. El cierre de RTVV ha de ser el detonador que volatilice a Atila y sus hunos y sus otros del gobierno de la Generalitat, una bandera  que canalice el descontento general. Aunque ese puñal provoque una herida, la sangre que mane por ella ha de servir para redimir a una sociedad que parece anestesiada. El sufrimiento de tantas familias no puede ser inútil. Baaz significa resurrección, no lo olviden. Si no lo olvidan, si no nos olvidan, quizá el 1 de mayo de 2015 tengamos algo que celebrar.
(Podría acabar este artículo aquí. Pero cada vez que recuerdo la noche más larga, el día más triste, la última imagen que ofreció de Canal 9 aquel 29 de noviembre, me viene a la cabeza el conocido refrán “donde tengas la olla, no metas la polla”. Ya sabrán perdonarme, pero es que soy una ordinaria a la que le encanta sintetizar).

4 Kommentare

  1. Aurora dicen

    Leído y releído un puñal y una bandera
    Tengo que elogiar a todos los periodista por vuestro trabajo tan útil y perseguido por los que no quieren que se sepa lo que pasa en nuestra comunidad
    La comunidad valenciana

  2. aurora dicen

    Como siempre expresas un sentimieto e cada articulo que escrides que nos llega a todos muchas gracia espero que se pueda reabrur la rtv por el bien de todis los valencinos

  3. Muchas gracias por tu comentario. Y por estar tan atento. Lo que ha pasado en RTVV no es más que un ejemplo de lo que está sucediendo en la Comunidad Valenciana. Un saludo.

  4. angel monteagudo dicen

    Me gusta el artículo que escribe Lidia Sanchis, “Un puñal y una bandera”. Por cierto que desconocía el significado de Baaz.
    Lo que ha ocurrido aquí es muy gordo. Pero me atrevería a decir que comienza a contaminarse ya desde sus comienzos mismos y que fué creciendo el engendro en el transcurro de los años, con la complicidad de unos y con la beneficiencia y/o cobardía de otros. Al final se toman decisiones improcedentes, viscerales, antidemocraticos y con evidentes daños a miles de personas, profesionales y técnicos, juntos a sus familiares directos. Familias enteras. Sin olvidar el daño económico, linguistico, cultural y político a esta Comunidad y/o Regne… Sin digno de estudio serio en medios universitarios externos a España…

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