Francisco Cisterna, Número 0, Opinión
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La eterna canción del trabajo (The Work Song)

Por Francisco Cisterna

“El trabajo nace con la persona / va grabado sobre su piel”. Así reza la famosa canción de origen afro-americano de un clásico popularizado por Nina Simone en la década de los 60. Su letra original desgrana un rosario de agonía laboral que, más tarde, la versión española, interpretada por Raphael, suavizaría medio tono con pinceladas de esperanza colectiva políticamente correctas: “Vale más tener esperanza / y luchar por algo mejor / trabajar con fe y esperanza / por lograr un mundo de amor”. Loables palabras que sólo la maldición bíblica del trabajo podría poner en solfa. Declaración encomiable de intenciones que, unos versos atrás, paradoja, ahonda en el sentido penal, agónico, del asunto: “Arrastrar la dura cadena / trabajar sin tregua y sin fin / es lo mismo que una condena / que ninguno puede eludir”. Ahí queda eso. ¿Qué pluma puede mejorarlo? En cinco versos cincelados aflora la maldición. Otra vez la fatalidad luchando contra la esperanza; el estajanovismo contra el recreo primigenio del paraíso perdido. Desde entonces, el trabajo “te acompaña como tu amigo más fiel” de la cuna a la tumba. En este valle de lágrimas laboral, tan distante de nuestra cultura del ocio, el trabajo era una maldición. Una maldición que los menesterosos llevaban grabada a fuego por el hierro de no sé qué ganadero, so pena de agarrarse una bono-loto que reventara los casinos de Las Vegas. Elijan ustedes… Pero…

Hoy ya no. Ahora ya no, hombre. Hoy, o mejor hace ya tiempo, el trabajo es reconocido como un derecho fundamental. Permítaseme precisar y redefinirlo como un derecho fundamental-ocasional y al amparo del reglamento taurino. Es decir, siempre y cuando las autoridades y el buen tiempo lo permitan. A las pruebas de las faenas, camufladas de cíclicas crisis económicas, me remito. Un derecho inamovible de quita y pon regido por las leyes del mercado de Don Pimpón. Un cuasi derecho que vuelve a recoger el sentido redentor y demás zarandajas axiomáticas atribuidas al trabajo en un intento colateral de disfrazar y dignificar la maldición. Un nuevo esfuerzo por humanizar el castigo. El trabajo es un lobo para el hombre. Cuando la maldición pierde el significado religioso, el laicismo la viste de derecho fundamental… Pero…

Hoy ya sí. Ahora ya sí, hombre: hoy las tornas han cambiado. En realidad, hace unos cuantos añitos que el castigo ya no radica en trabajar –¡por fin! –, sino en carecer de trabajo para ganarse la vida. ¡Qué rizo más rizado! ¡Qué doble tirabuzón! Hoy nadie compra el sudor de tu frente. ¡Qué jugada más genial! Otra vez vuelta a empezar el viaje a ninguna parte. Ni contigo ni sin ti. Trabaja con afán para lavar el pecadillo original, porque si paras te vas a enterar de lo que es un derecho fundamental. Creo que ya lo han descubierto, “sin tregua y sin fin”, unos cinco millones de personas… Pero…

Volvamos al paraíso, que por cierto, nunca debimos abandonar, aquel del que fuimos expulsados, impelidos, al trabajo pecador, estigma de pobres y consuelo de pocos (por no decir otra cosa). Volvamos a la televisión. Sí, sí, han oído bien, a la TV, al nuevo paraíso digital terrenal, a la democracia del mando a distancia, repleta de exitosos programas bailones. Trufada de ballets programados por los guardianes de las parrillas sociales, maestros del despiste coyuntural, donde los famosos representativos nos alivian con sus contorsiones coreográficas. ¡Bailemos! ¡Dancemos, maldita sea! Mantengamos las herramientas de nuestro cuerpo afiladas para cuando regrese nuestro sacrosanto derecho fundamental… Porque qué era el Jardín del Edén, sino un baile perpetuo, un alegre danzar de árbol en árbol, de fruto en fruto… Maldita serpiente que constriñó nuestras piernas, nuestras manos, nuestras mentes; ora para uncirnos al yugo, ahora para birlarnos la azada. ¡Bailemos señores míos: presidentes, ministros, banqueros, obispos, potentados! Bailemos hasta que una voz cuerda nos diga, les diga, aquello de: ¡Menos samba e mais trabalhar! ¡Menos samba e mais trabalhar! (muévanse los pies y las caderas de forma acompasada con ritmo sabrosón mientras se corea).

En época de holganza, del año 2014. ¡Leches con el Paro!

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