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España, pobre país de pobres

Foto: Pedro Martínez

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♦ Tres millones de españoles sobreviven con poco más de 300 euros al mes. Si Alemania no cambia sus políticas, la crisis económica persistirá en nuestro país durante muchos años, según el economista Joseph Stiglitz

 

Redacción de Gurb / Fotografías: P. Martínez, M. Guillén. Jueves, 1 de mayo de 2014

El paro estructural a gran escala puede convertirse en un problema endémico y crónico en España en los próximos años. Al menos así lo creen los últimos informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), pese a que el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, en un último alarde de optimismo, insiste en que el crecimiento del PIB registrará una media del 1,5% entre 2014 y 2015. Lo cierto es que, pese al triunfalismo del Gobierno de Rajoy, el desempleo en nuestro país se situará en los próximos años en el 28%, la segunda tasa más alta de la OCDE, solo por detrás de Grecia y muy por encima de la media (8%). De acuerdo con las previsiones de esta organización, la tasa de desempleo está previsto que permanezca en esos niveles elevados hasta finales de 2014. Un panorama ciertamente sombrío para el ciudadano, que mira a su alrededor y ve cómo la cuestión económica no mejora mientras sus responsables políticos se dedican a la pirotecnia de las cifras macroeconómicas.

Lo único empíricamente demostrable es que, a fecha de hoy, el número de desempleados en España ha aumentado en más de 4 millones de personas desde el inicio de la crisis en 2007 y no parece que el negro futuro de las nuevas generaciones tenga pinta de aclararse, al menos a corto plazo. El paro juvenil ha alcanzado cotas alarmantes (55%, el más alto después de Grecia) y la persistencia de tal tasa de desempleo entre los jóvenes pone en riesgo sus perspectivas de carrera laboral en el largo plazo.

El paro de larga duración (12 meses o más) se ha disparado en España y va camino de convertirse en estructural. El estallido de la burbuja inmobiliaria y el posterior crack del sector financiero provocó que el desempleo llegara a niveles desconocidos en nuestro país en el periodo 2007-2012. El paro de larga duración como porcentaje del desempleo total aumentó del 19,1% en el cuarto trimestre de 2007 al 47,0% en el cuarto trimestre de 2012. Este enorme incremento “es un motivo de preocupación, ya que será más difícil para estos desempleados volver a encontrar trabajo, ya que pueden depreciarse sus habilidades y perder motivación, conllevando un incremento en el desempleo estructural que será difícil de deshacer”, revela el informe de la OCDE.

Foto: Marcial Guillén

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El número de trabajadores que desisten de buscar un empleo también ha aumentado después de un período prolongado con una alta tasa de paro. La proporción de jóvenes que trabajan en España se redujo 21 puntos porcentuales desde el inicio de la crisis, cinco veces más que en la media de la OCDE. Parte de este descenso ha ido acompañado de un incremento en las matriculaciones en estudios y formación. Sin embargo, la reforma laboral de Rajoy y las posteriores medidas adoptadas por el Gobierno del PP no parece que estén dando los resultados apetecidos, sino más bien al contrario: están fomentando que buena parte de los jóvenes decidan emprender el camino de la emigración, sobre todo hacia países europeos, en especial a Alemania, y en menor medida a Estados Unidos. Según los informes de la OCDE, la proporción de jóvenes que ni estudian ni trabajan (el llamado “Neet” en inglés, “youth neither in employment nor in education or training”, o “Nini” en español) se incrementó en 7 puntos porcentuales desde que estalló la recesión. Los jóvenes que se encuentran en esta situación están siendo especialmente castigados por la crisis, y puede ocurrir que un largo periodo de desempleo o “inactividad afecte negativamente a toda su vida laboral futura”, añade esta organización que se dedica a la cooperación internacional para el desarrollo. En un amplio número de países de la OCDE, la disminución en empleo juvenil ha venido acompañada por un importante aumento en la participación en educación y formación, no así en España, donde los recortes educativos han sido brutales y los jóvenes menores de 25 años optan por matricularse en cursillos del Inem que generalmente están muy por debajo de sus expectativas laborales y de su titulación académica.

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La disminución del empleo juvenil ha afectado más a los hombres que a las mujeres, en particular a aquellos jóvenes con baja calificación académica y profesional. La reforma del mercado de trabajo llevada a cabo en 2012 ha tratado de reducir la rigidez de la legislación sobre la protección laboral con el objetivo de acortar la diferencia en protección entre trabajadores temporales y fijos y estimular la creación de empleo. El grueso de la reforma se centró en los contratos indefinidos, reduciendo la compensación por despido improcedente y simplificando la normativa para los despidos colectivos, los tristemente célebres ERES. Al mismo tiempo, la reforma suprimió la obligatoriedad de pedir una autorización administrativa antes de un despido colectivo, acercando la legislación española a la legislación vigente en la mayoría de países europeos. Un nuevo tipo de contrato se creó para las pequeñas y medianas empresas, que permitió períodos de prueba de hasta 12 meses (el período de prueba más largo en la OCDE después del Reino Unido, excluyendo aquellos países en los que la duración máxima no está establecida por ley). La ideología neoliberal impregnó toda esta normativa reformista, que en principio fue bien acogida por la OCDE: “La reforma española, al igual que otras reformas de la legislación de protección laboral llevadas a cabo en Grecia, Portugal, la República Eslovaca, Estonia, Italia y Eslovenia, debería aumentar la movilidad laboral y estimular la productividad y la creación de empleo cuando se recupere el crecimiento económico”, vaticinaba en su momento la OCDE. Sin embargo, la reforma Rajoy, ampliamente contestada por sindicatos, partidos de izquierda y oenegés, en ningún momento ha dado el resultado apetecido y a fecha de hoy está por comprobar que sea la solución esperada a los problemas endémicos del mercado laboral en España.

Según los sindicatos y diversas asociaciones sociales, la reforma laboral no ha frenado la destrucción de empleo en España; no ha favorecido la contratación indefinida; no se ha avanzado mediante la negociación en la flexibilidad interna de las relaciones laborales; no ha fomentado la contratación, ni se ha reducido la temporalidad ni mucho menos la precarización, gran cáncer de nuestro sistema laboral (los sueldos han bajado a niveles de hace décadas y los horarios interminables, así como los derechos en general, han empeorado notablemente). Al contrario, se han incrementado los despidos y disminuyen las suspensiones de contratos y las reducciones de jornada, fiel reflejo del escaso papel de la flexibilidad interna en el marco de la empresa, favorecida, además, por el debilitamiento del control judicial y la desaparición de la autorización administrativa. Además, la conciliación familiar y laboral, que avanza a pasos agigantados en los países más avanzados del entorno europeo, ha sufrido un grave retroceso en España.

El paro ha tenido una consecuencia inmediata en el poder adquisitivo medio de las familias españolas. El índice de pobres se ha disparado de forma alarmante. Según el prestigioso diario norteamericano The New York Times, un millón de personas están siendo atendidas ya por la ONG católica Cáritas en España. Es la imagen que transmitió el rotativo neoyorquino sobre la crisis española, muy distinta a la que ofreció el presidente español, Mariano Rajoy, en su viaje por Estados Unidos, donde sacó pecho ante Obama, anticipó una salida pronta de la crisis y poco menos que un nuevo milagro semejante al de los años noventa. Hoy día, el milagro es menos milagro, más bien pesadilla, ya que según Cáritas “la pobreza infantil afecta a algo más de 2,2 millones de niños en España, 300.000 más que en 2008. Más menores pobres que, además, sufren formas de pobreza más severas que hace unos años. Las distancias con la UE se han acrecentado. […] En 2012, se llegó a una tasa de riesgo de pobreza infantil del 29,9% en España, cifra superior en 1,7 puntos porcentuales a la registrada en 2008. En la UE, el aumento de la tasa de pobreza infantil entre 2008 y 2012 ha sido la mitad que en España”. En octubre de 2013, en nuestro país ya había tres millones de personas en situación de “pobreza severa” (según la terminología de Cáritas), esto es, que viven con menos de 307 euros al mes. Los pobres representan el 6,4% de la población del país, una tasa que casi duplica la de 2007 (3,5%), según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida, recogidos en el informe del Observatorio de la Realidad Social 2012 elaborado por Cáritas.

Foto: Pedro Martínez

Toda esta ruina del país se producía mientras, en octubre de 2010, el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Gerardo Díaz Ferrán, hoy encarcelado por el saqueo de Marsans, consideraba que la única manera de salir de la crisis económica era “trabajando más y ganando menos”. Numerosos analistas internacionales han querido ver una relación estrecha y directa entre el alto grado de corrupción política que ha sufrido España en la última década con la consiguiente recesión, la implosión del mercado laboral y los elevados índices de pobreza nacional.

¿Y qué papel está jugando Europa en la lenta recuperación económica del país? Joseph Stiglitz, catedrático de la Universidad de Columbia, y uno de los analistas más reconocidos del mundo, ha llegado a asegurar que si Alemania no cambia sus políticas a corto plazo “España seguirá en crisis durante muchos años”. “Creo que la crisis no hubiera sido como fue si se hubieran acometido otras medidas. A fin de cuentas, Grecia tenía un déficit del 120% de su Producto Interior Bruto, una suma muy solucionable. Pero en ese contexto, Alemania insistió en dos errores: la austeridad, que provocó el desplome de la economía griega, y unos tipos de interés altos, que dispararon la deuda del país. Si se hubieran decantado por mantener el crecimiento, nada de esto hubiera pasado”, añade Stiglitz. Las políticas de austeridad dictadas por la canciller Angela Merkel solo han servido para acarrear más paro y pobreza a los países del sur de la zona euro. El lema “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades, ahora tenéis que pagarlo” se repite hasta la saciedad por los doctrinarios de una política ultraliberal que está provocando altos niveles de desempleo en España, Grecia, Portugal e Italia, los estados denominados PIGS por las elites alemanas seguidoras del merkelianismo. Sin embargo, mientras lo estados del mediterráneo ven cómo se pierden varias generaciones de jóvenes por culpa del desempleo, Alemania ha creado 3,6 millones de puestos de trabajo, los mismos que ha destruido España. De modo que, sin duda, la crisis ha sido más crisis para unos que para otros. Mientras algunos nuevos ricos pasaban a nuevos pobres tras el desplome del mercado inmobiliario y financiero otros se han enriquecido con los males del país. Las cifras oficiales calculan que al menos 50.000 familias se han hecho millonarias de la noche a la mañana desde que estalló la crisis. El eslogan tan utilizado en las manifestaciones de “no es un crisis, es una estafa” parece estar más vigente que nunca y el famoso “¡que se jodan!” espetado con euforia por la diputada popular Andrea Fabra cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba en el Congreso un nuevo recorte en las prestaciones por desempleo, cobra ahora su auténtica dimensión.

El paro en España se ha visto agravado además por la afluencia, en los últimos años, de una gran población inmigrante que era reclutada como mano de obra barata para el sector del ladrillo. El país recibió, entre 1990 y 2010, cinco millones de inmigrantes, que llegaban atraídos por la supuesta prosperidad española. Hoy, muchos de estos trabajadores han optado por regresar a su país o por seguir buscándose la vida en otros estados de la UE de economías menos afectadas por el crack. Los datos de esta población inmigrante tan fluctuante han sido convenientemente manipulados por el Gobierno con el fin de vender sus “pequeños éxitos” macroeconómicos. Aún provoca hilaridad aquel titular que predicaba a los cuatro vientos que las cifras del paro se habían reducido en ¡31 personas! Más actualmente, según el Ministerio de Trabajo, el pasado mes de marzo acabó con alentadores datos de empleo: la afiliación creció respecto al año anterior por segundo mes consecutivo (115.013 cotizantes más como media), y también respecto a febrero (83.984). De hecho, ha sido el mejor marzo de la crisis, según los datos del ejecutivo. Guindos y Montoro alardean de los números positivos sobre el paro registrado, que cayó tanto en términos anuales (239.377) como mensuales (16.620). A esta calderilla de logros mínimos se aferra el Gobierno a la hora de anunciar a bombo y platillo que la tan temida recesión ha quedado definitivamente atrás. Sin embargo, la oposición y los sindicatos critican que estos números están siendo convenientemente maquillados, ya que no tienen en cuenta que miles de parados de larga duración, que ya no perciben las prestaciones sociales, han dejado de inscribirse al Inem, ni que cientos de miles de inmigrantes han abandonado ya nuestro país en busca de un futuro mejor. La guerra de las estadísticas está, pues, servida.

Foto: Pedro Martínez

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Si al paro que no termina de atajarse se une que ha aumentado el número de millonarios en España, que no se ha reducido el fraude fiscal y que el Estado ha perdido del orden de 40.000 millones de euros en ayudas al sector financiero que no se recuperarán jamás (mientras que no ha habido rescate alguno a las familias en bancarrota o a las víctimas de las preferentes), el panorama macroeconómico de cara a los próximos años no puede ser más pesimista.

El drama de los desahucios y los suicidios

Durante la crisis económica española de 2008-2014 se produjo en España el lanzamiento o desahucio de numerosas viviendas, por ejecución forzosa, de gran cantidad de personas. En 2012, año en que los bancos promovieron la cruel y virulenta expropiación de hogares, cada día se producían una media de 517 desahucios en España, lo que provocó un gran impacto social y mediático. Hacia finales de 2012, según la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) el número de desahucios llegó a la friolera de 171.110. Ni el Gobierno, ni el INE, ni las entidades bancarias ofrecen datos claros y contrastados sobre este grave problema social. Miles de familias son desahuciadas de sus casas después de caer en el drama del desempleo y los psicólogos advierten de que el paro está en el origen del incremento en el número de suicidios registrado en nuestro país en el último lustro negro. Las personas más vulnerables son los hombres de 15 a 29 años y los mayores de 64. Estos son algunos de los datos publicados, en octubre de 2013, durante la jornada “Crisis económica y salud mental”, que se celebró en la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), donde se debatió sobre los factores de riesgo derivados de la crisis económica que afectan de manera directa a la tasa de suicidios.

El jefe de Servicio de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz y docente de la UAM, Enrique Baca, explica en su ponencia que “muchos componentes” de la actual situación económica “afectan directamente a la salud física y psicológica” de los españoles y ha apuntado de manera especial al desempleo, que es uno de los “mayores dramas de riesgo”, y a sus “efectos negativos” sobre la salud. Además, la inactividad laboral es la primera causa de exclusión social.

El drama del desempleo no solo es una lacra que lacera al ser humano y lo condena a un futuro sin esperanza sino que supone una quiebra del contrato social sobre el que se asienta la democracia, que queda cuestionada cuando los ciudadanos consideran que la otra parte, el Estado, no ha actuado por el interés general de la población, sino por el interés de los poderosos y las grandes corporaciones financieras. En otros tiempos, una injusticia tan manifiesta podía provocar la rebelión de la ciudadanía y la quiebra del sistema político. En tiempos más pacíficos, sin embargo, la gente se desentiende de la política institucional, generándose un clima de desafección como el que se observa en los países europeos que han sufrido en mayor medida los efectos de la crisis. Las elecciones europeas que están a la vuelta de la esquina serán el mejor espejo de esta crisis institucional. Tanto el Gobierno como los organismos estatales competentes temen una abstención masiva y galopante.

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