Número 0, Opinión, Ramón Marín
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Aquí no trabaja ni dios

Por Ramón Marín

Se lo dije al chiquillo el otro día: la clave del trabajo es la or-ga-ni-za-ci-ón. Ahí me tienes a mí. En una semana perpetré el mundo y lo dejé niquelao. El primer día hice la noche y el día, para que sepamos cuándo toca salir de juerga y cuándo volver a casa. El segundo día separé el cielo y la tierra, porque ya empezaban a flirtear. El tercero creé las plantas (menos la de Oportunidades de El Corte Inglés, que vino después). El cuarto, el Sol y la Luna, que se me olvidó el lunes y la noche no sabía cuándo aparecer. El quinto día seguí dándole vueltas al manubrio y me salieron los peces y las aves, que se pusieron a follar a los veinte segundos como si el mundo se acabara en media hora. Y el sexto día, como estaba con la imaginación por los suelos, me puse a fabricar el ser humano y salió lo que salió. No se puede dejar lo importante para el final. El séptimo me lo tomé libre, porque había fútbol, y se me olvidó crear España. Así no se pueden hacer las cosas.

El problema vino enseguida. Las dos criaturas humanas no estaban por la labor de hacer un gran mundo. A los cinco minutos ya estaban pidiendo la independencia de Cataluña, que aún no existía, y tuve que escribir la Constitución para que se callaran. Luego me inventé el mal para que, por comparación, supieran lo que es el bien y pudieran discutir en los bares. Los primeros milenios fueron muy duros. Hubo que poner a to’ quisqui a pencar, porque quien más y quien menos se escaqueaba a la primera de cambio. Entre las bajas por enfermedad y los delegados sindicales, la cosa estaba más parada que un ciego en un semáforo. Y al final, uno se harta pero bien. Ahora Adán y Eva me han pedido una comisión de servicio y están sirviendo copas en Copacabana. Por eso he tenido que mandar a Tierra Santa a Mariano Rajoy y a Fátima Báñez para que pongan orden en esto del trabajo.

Yo no sé si es que les expliqué mal las cosas o es que no me han sabido entender. La misión era crear empleo, pero ni que oiga usted llover. Me están tomando por el pito del sereno y la cosa va a acabar fatal de los fatales. Llamaron al Montoro, que es como el señor Burns de los Simpson pero con gafas de diseño, y se sacaron de la manga lo de la reforma laboral y ahora hay más cola en las puertas del INEM que en el reparto de hostias en misa. Que si congelación salarial, flexibilización del despido, insostenibilidad del sistema de pensiones, supresión de derechos laborales, amnistía fiscal… Me están dejando el patio que parece Chernobil después del reventón nuclear. Aquí solo van a trabajar Rodrigo Rato y los novios de Falete.

La culpa de todo la tiene la Angelines Merkel, que como es judía la jodía no me hace ni caso. Lo único que ha conseguido es incrementar la venta de papel higiénico en Europa del sur. Y en Grecia, ni eso. Ha dicho que mientras tengan mano, que se limpien con la ídem. Somos cabezas de ganado que nos llevan al matadero y lo único que queremos es que nos den en abierto el Barça-Madrid. Nos pasa poco para lo mucho que nos pasa.

A ver si las cosas cambian, que aún queda mucho siglo XXI por delante y estamos a tiempo de enderezar el asunto, no sea que me vea en la obligación de nombrar presidente a Cayo Lara y proclame la Unión de Repúblicas Ibéricas Soviéticas. Es el último aviso que le lanzo a Rajoy. Si no cambia de actitud, le enviaré a San Pancracio como asesor áulico para que le explique que no se trata de despedir a los parados, o anular la abolición de la esclavitud, como quieren los hombres de negro de la maldita troika. Si no fuera porque esto de la divinidad es un minijob que igual se acaba en cinco minutos, se iban a enterar. Ahora mismo mandaba otro diluvio universal que arrasaba el planeta y me iba a Marte a empezar de cero. ¡Qué trabajo me dan estos impíos!

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